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 IWO JIMA JAPONESA

 

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Iwo Jima fue la mayor pesadilla en vidas humanas a la que se enfrentaron los marines de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. El infierno que allí se vivió valió a la pequeña isla el apodo de “la picadora de carne”.

Situado a medio camino entre Tokyo y las Filipinas, se encontraba un solitario islote volcánico de color gris que contrastaba con el azul del Océano Pacífico, era la Isla de Iwo Jima, más conocida como “Isla Ceniza”. Tal nombre venía dado porque la isla entera estaba cubierta por ceniza volcánica gris y se componía mineralmente de un relieve caracterizado por lava seca, fino polvo ennegrecido y capas de azufre mezcladas con arena. Apenas había árboles más que unas matas debido a la ausencia de agua. De casi 20 kilómetros cuadrados (3 kilómetros de ancho por 4 kilómetros de largo), Iwo Jima estaba delimitada en el sur por Tobishi Point, en el este por Tachiiwa Point y en el norte por Kitano Point. Pero lo que más destacaba era un volcán inactivo llamado Monte Suribachi de 170 metros de altura en el extremo más meridional de la isla, símbolo de los japoneses. Otra zona de menos altura se elevaba 90 metros sobre el nivel del mar, era el Altiplano de Motoyama que ocupaba gran parte de la zona centro. Aunque aparentemente esa tranquila isla parecía un lugar idóneo para el aburrimiento iba a convertirse en una catástrofe humana.

Fotografía de la Isla de Iwo Jima en el siglo XX, Monte Suribachi.

Japón en la Isla de Iwo Jima vivió un importante cambio histórico en su táctica militar de hacer la guerra que introdujo el general Tamadachi Kuribayashi, consistente en sustituir las cargas “Banzai” por resistencias suicidas en hoyos, cuevas y trincheras, es decir, la guerrilla. Tamadachi Kuribayashi era un gran general que se había educado en Estados Unidos y había sido miembro de la Guardia del Palacio Imperial del Emperador Hiro-Hito, por lo tanto su experiencia le decía que iba a dar buen resultado su esta innovación táctica contra los americanos.

Dentro de Iwo Jima, las tropas con que contaba Japón eran de 21.060 hombres, de los cuales 14.500 eran soldados y 7.000 marineros armados, acompañados por 800 cañones y 40 tanques. La fuerza principal era la 109ª División de Infantería, le seguía la II Brigada Mixta de 5.200 efectivos venida de Manchuria, el 145º Regimiento Mixto Independiente con 2.400 hombres, el 26th Batallón Blindado con tanques Ha-Go y otras fuerzas menores auxiliares procedentes de las Islas Bonin. Todos los civiles de la isla, unos 1.100 ciudadanos, aunque al principio se los utilizó como obreros, antes de la batalla fueron evacuados a Japón para que no entorpecieran las operaciones militares en la isla.

Si por algo destacaba Iwo Jima es que había sido convertida en una fortaleza inexpugnable. Por toda la isla se levantaron fortificaciones, búnkers, casamatas y todo tipo de obstáculos. Se barrieron con artillería las partes más vulnerables, mientras que los barrancos y gargantes se convirtieron en trampas, también se minaron todos los caminos por donde los tanques pudiesen circular. Bajo el subsuelo se escondían infinitos complejos de galerías y túneles preparados para la defensa armada y la supervivencia, una auténtica ciudad subterránea. Cada grieta y recodo del Monte Suribachi fue convertido en una barrera natural agujereada con hoyos y aperturas con ametralladoras y cañones enfocando al mar. Como no había agua dulce se improvisaron pozos para nutrirse del agua de lluvia. La construcción humana más llamativa eran los tres aeropuertos que convertían aquella roca en apeteciblemente estratégica, eran los siguientes: el Aeródromo Nº1 junto al Monte Suribachi, el Aeródromo Nº2 en el centro de la isla y el Aeródromo Nº3 en la vertiente centro-norte.

IW1A

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